El uso del adjetivo sexual es, como se saber, hoy atosigante. Y lo mismo se usa para indicar cosas relativas a los genitales que la explotación comercial del sexo, que los abusos de la carne o carnales como partes del cuerpo, etc.
El objetivo de esta propuesta es plantear la conveniencia de un uso mayor del término sexológico, entendiendo que no se trata de un sinónimo sino de un término que responde al discurso de la episteme sexológica.
No se trata pues de sustituir un término por otro sino de indicar la aportación de esta episteme.
Se trata, en primer lugar, de afirmar el marco desde el que nos planteamos el sexo y sus manifestaciones.
El modelo moral moralizó lo que hoy llamamos sexo haciéndolo una parte del cuerpo. El modelo médico lo medicalizó. Grosso modo es lo que corresponde al locus genitalis como sitio de referencia.
El modelo médico quedaba muy corto limitándose sólo a órganos y funcionamiento. De ahí su reacomodación e inclusión de lo psíquico y lo social, ambitos que parecían ir en otras direcciones.
Una serie de trabajos (entre ellos, por resumir, el artículo de Engels de 1979) pusieron en marcha lo que llamaron el nuevo o acomodado modelo médico que se ha denominado bio-psico-social.
En los años ochenta y noventa la expansión de este modelo ha sido general.
Paralelamente ha sido llamado pluri o multicisciplinar por ser atropa todo. Es bien sabido que su virtud no es precisamente epistemológico sino laboral. O más propiamente dicho, sindical.
Su logro ha sido unir por trazos o guiones a disciplinas dispares mediante el hecho que cada una estudie un aspecto. A veces hablan de ser integral.
En realidad es ambicioso. Pero ha logrado una jerarquización manteniendo un orden e introduciendo a todos en ese orden, neutralizando cualquier otro orden posible. También el sexo es planteado por muchos desde ese modelo médico, al que se añade el psicológico y el sociológico o social.
La crítica de este planteamiento suele ser dura y feroz. No se basa en teoría sino en pragmatismo, es la crítica más destacada. SE podría decir que es un acuerdo sindical o laboral.
Es evidente que sus resultados, por un lado pueden ser muy visibles, y por otros lados, desastrosos.
Nuestro caso no va por esa fórmula sino por la episteme sexológica. Y esto bajo dos criterios o elementos: uno, el desarrollo de las ideas y conceptos sobre el sexo. Y otro, la re-articulación posible de estas aportaciones a lo largo del tiempo.
Lo que hemos pretendido en nuestro caso ha sido historiar la articulación de un planteamiento epistemológico básico desde la propia historia de la sexología como disciplina, basada no en otras profesiones o discursos de otras disciplinas sino de la propia sobre la base del hecho sexual humano.
Un segundo punto a considerar es el uso de la fórmula epistemológica que nos indica que cualquier consideración es tenida en cuenta siempre desde ese criterio o marco de referencia.
Eso nos lleva a invitar a considerar este punto no ya desde sus consecuencias teóricas (para explicar o comprender distintas manifestaciones del sexo) sino al uso pragmático de ese dispositivo teórico.
Este uso se traduce en la introducción del adjetivo sexológico en el discurso corriente. Es una forma de hacer patente lo que de otra forma queda sin pronunciar. Pronunciarlo, decirlo, nombrarlo, ayuda. Y contribuye a darse cuenta de pequeños detalles que surgen desde esta episteme y no desde otras.
Por ejemplo en planteamientos o propuestas de intervención (sea de asesoramiento o de educación). Igualmente en el discurso corriente. Hay muchas situaciones que se repiten y a través de las cuales ha entrado eso que llamamos otras epistemes (el caso de la psicológica o antropológica son muy claras frente a la consideración moral o fisiológica).
Esto nos lleva a ver cómo muchas referencias que se acompañan por los adjetivos de fisiólógico, o psicológico o social (léase sociológico) sean designadas con el adjetivo sexológico, si ese discurso está hecho en el marco de la episteme sexológica.
Se trata, pues, de hacer presente en pequeñas dosis sumadas de la episteme sexológica.
El abuso del calificativo sexual para referirse a lo genital o el recurso a lo psicológico para distinguir aspectos o contenidos propios del sexo o del fisiológico para destacar otros, necesita el adjetivo sexológico.
El uso del adjetivo integral o global o integrador tiene su correspondencia en la consideración desde la raíz de los sujetos sexuados como tales sujetos sexuados que no pueden no serlo.
No se trata, pues, de adjetivos añadidos desde el exterior sino desde el mismo planteamiento. Se trata, pues, de hacer explícito lo que está implícito. De nombrar desde la episteme sexológica lo que otros quieren llevar hacia otros campos desde otras epistemes o disciplinas. 7. Ventajas
Es importante ser consciente de las posibilidades y los límites de la articulación de un cuerpo teórico de la sexología. Ofrece ventajas. Entre otras que ayuda a comprender muchas cosas que otras disciplinas ni se plantean ni explican.
Ofrece unos conceptos y un lenguaje accesible. Acerca la comprensión del sexo por todos. Y prima el conocimiento.
No hace el sexo objeto de otros campos. Y sobre todo no lo moraliza ni lo patologiza. Prima la educación y el asesoramiento sobre el tratamiento. No renuncia a este. Pero claramente prima los otros.
Los límites o desventajas son grandes. Es necesesario un movimiento organizado corre el riesgo de quedar muy marginado. Llamamos movimiento a un grupo fuerte y en varios flancos con capacidad de referencia.
Sin este movimiento o grupo… Sucede como con los sindicatos pequeños que apenas resultan testimoniales.
Pocos medios puesto que todas las organizaciones
La propuesta que planteamos es la del uso de los medios a nuestro alcance, experimento que puede si resulta crecer